BOLIVIA: EL ESTADO EN

ESTADO DE COMA INDUCIDO

Por Rafael Bautista S.

“Si las piedras de tu calle tuvieran entendimiento,

cada vez que yo pasara lloraran, de sentimiento”.

huayño boliviano

Hasta las piedras llorarían, sabiendo que soportan el peso de siglos de injusticia, con lo que están haciendo a la tierra de donde provienen. Si ya no hay pueblo, ¿quién las haría barricadas y trincheras, para hacerlas parte de la defensa nacional? Sin pueblo, hasta las piedras dejarían de ser útiles para construir. En una cosmovisión que afirma que todo, absolutamente todo, es persona, es sujeto y, por eso, merece respeto, hasta las piedras hacen parte de la reflexión sobre la dignidad humana. Esta reflexión nos conduce a la política. Porque el destino de nuestra tierra, que somos nosotros, se define políticamente. Vayamos entonces con un diagnóstico coyuntural, en este

triste

6 de agosto.

En apenas 9 meses, el gobierno ha vaciado ya, toda la credibilidad con la que asumió su mandato. Demostrando grados de corrupción inverosímiles y un acelerado desmantelamiento estatal que, a la vista impotente de todo un pueblo, apunta a reunir las condiciones que hacen a un Estado fallido.

El propio gobierno, para inmunizarse de toda responsabilidad (que “todo es culpa del Evo”), ha lobotomizado la conciencia social urbana con prejuicios racista-señoriales, para demonizar la pasada movilización y bloqueos indígena-populares. Ahora, este improvisado gobierno, producto del azar político, y gracias a la inconsciencia “pitita”, tiene las manos libres para continuar el despojo nacional que inició desde el primer día de su asunción.

Ya en abril de este año Bolivia y USA firmaron un acuerdo de intereses en el control de minerales críticos y tierras raras como el litio, antimonio, zinc, neobio, wolframio, tantalio, germanio, indio, litio, además de uranio verificado y polimetálicos en La Paz, Oruro, Potosí y Santa Cruz. Y la enajenada sociedad urbana no dice nada (porque todo es culpa del “masismo”, esa muletilla que ya no convence), viendo cómo se destruye YPFB, YLB y todas las empresas estratégicas, para planificar su insolvencia y condición deficitaria y armar las condiciones para su privatización (y dejar un Estado limosnero que ni la “renta dignidad” pueda garantizar sino endeudándose más). Los comités cívicos, que tanto exigían la soberanía de los recursos estratégicos (el litio y el gas, sobre todo), en la movilización que avaló el golpe del 2019, ahora guardan un silencio cómplice que los delata como meros instigadores del fascismo ahora reconstituido; cuyo único plan es la obediencia a la “Doctrina Don-Roe” y, en la actual guerra de commodities, balcanizar Sudamérica

[1]

.

Lo que el gobierno señaló, desde su inicio, como “trancas” –que son las que mínimamente aseguran, en la propia Constitución, la soberanía estatal– no hizo sino delatar que se trata de “trancas” para intereses ajenos,

No

para nuestro país

. De ese modo, ya se pudo advertir ante quiénes se inclinaba la voluntad política del régimen. Y si busca, aún más,

reducir

al Estado, en realidad lo inflama con prioridades que ya no son nacionales, porque grafica la fisonomía de una “empresa fantasma”: desvía sus obligaciones para canalizar ingresos y destinarlos a manos privadas (desparecido un ministerio de planificación, se entiende que el gobierno ya no planifica nada, sólo recibe órdenes de afuera). Habiendo renunciado a sus responsabilidades estatales (como son educación trabajo y cultura, dejándolos como botín para el mercado) sólo le queda inflamar sus aparatos coercitivos. Su poder se inmuniza. Y se recubre del lawfare o la judicialización de la política: el pueblo pauperizado por medidas antinacionales, debe demostrar que su protesta es legal, de lo contrario, se deduce que su reclamo es ilegítimo y, por tanto, sedicioso. Circulo vicioso fetichista. La ley se vuelve criterio de sí misma. Trampa leguleya que confunde legalidad y legitimidad.

Pero, si ésta es la apuesta tradicional de los grupos de poder, ¿por qué la derecha –su brazo político– apuesta al revocatorio? Porque ahora sólo se trata de pugnas por la jefatura del poder. La derecha cree que, demonizando al MAS, domina toda la preferencia electoral (aún cuando no decida nada sin el consentimiento de Washington). Por su parte, el MAS confía en que el campo popular, por pura nostalgia, apostaría por el Evo. Pero la ilusión es una pésima táctica. Sin mencionar que ninguna opción, de izquierda …