«Mirá lo que querían que se votara mientras estábamos distraídos con el mundial. Si no fuera por ese trapo, esa caligrafía artesanal que hoy pintó banderas en todo el país. Si lo tenían todo craneado, desde cómo iban a venderle sin límites las tierras a los extranjeros, hasta cómo iban a poner de patitas en la calle al inquilino que se atrase un mes. La calle como único espacio público que queda, porque las plazas están valladas, las legislaturas están valladas. Las costas de los lagos y ríos están alambradas. Esta marcha, por primera vez en años, no es reactiva: la gente salió igual aunque bajaran el capítulo de la ley de tierras. En la Mendoza de Cornejo, a calzada completa, veinte mil personas sin exagerar. Circulan videos de los manotazos de ahogado del poder al gas pimienta y al palito de abollar ideologías. Donde no hubo represión, no hubo disturbios. Con el honor que nos recuerdan los veteranos de Malvinas, y los granaderos de San Martín, démonos todos juntos la victoria más bella. Ni siquiera hace falta cruzar la cordillera, o ir hasta el fin del mundo a jugarse el pellejo. A veces basta con agarrar un aerosol y una sábana, y plantarte firme nomás». Por Eugenia Segura, desde Mendoza, para Huella del Sur.
Mirá lo que querían que se votara mientras estábamos distraídos con el mundial. Si no fuera por ese trapo, esa caligrafía artesanal que hoy pintó banderas en todo el país…
Mirá todos los rincones adonde de pronto se vino a correr el spot: justo donde la lupa cuando da sobre la letra chica.
Si lo tenían todo craneado, desde cómo iban a venderle sin límites las tierras a los extranjeros, hasta cómo iban a poner de patitas en la calle al inquilino que se atrase un mes. La calle como único espacio público que queda, porque las plazas están valladas, las legislaturas están valladas.
Las costas de los lagos y ríos están alambradas. Yo abracé a la familia de un pescador que fue asesinado de un disparo en la garganta por un seguridad privada. Por ir a pescar adonde iban sus ancestros desde hace mil años: donde se juntan el lago Lolog y el río Quilquihue.
Antes usaban testaferros, pero ahora se los quieren puentear, hasta dan ganas de decirles ¡¡¡testaferros del mundo, uníos!!!
Ahora la onda es ponerse una inmobiliaria de bosques quemados, una empresita de servicios mineros, o ser pastor de almas, algo así. Todavía que te financie un narco queda feo.
Pero es como su Inocencia Fiscal, esto de la Inviolabilidad de la Propiedad Privada, esta Casta de Doncellas del Señor Tecnofeudal.
Que se diferencia del del medieval; en que aquel pagaba el ejército que lo sostenía en el poder de su bolsillo, y éstos sólo están dispuestos a pagar al guardián de la garita, que ya está contemplado en las expensas del barrio privado. Donde habitan cual doncellas en la torre, que miran enamoradas no la realidad, sino posters de Tatcher o de Hobbes, mientras escuchan canciones de Luis Miguel o los granaderos tocando ABBA. Y después titulan las leyes así. La Hojarasca y el Ómnibus.
Otra diferencia es que en el medioevo también se curtía algo como el honor. Y se usaban caballos y armaduras, en vez de computadoras y cascadas de mal gusto.
Ese algo que los veteranos de Malvinas nos trajeron al recuerdo. El Honor.
Con sólo agitar un trapo, un hincha en una cancha, las vueltas que da la vida. Si hasta ayer creían que habían dado todas las batallas allá lejos y en el frío, reciban este homenaje en vida de haber salvado a la Argentina entera de una que ni se la esperaban. Porque no hay victoria más bella que la que se gana sin disparar ni una sola bala.
Yo era niña cuando fueron a dar la vida, veía las revistas, las noticias, y en la escuela pegábamos algodones y papel glasé en la silueta de las islas. Y me acuerdo también de un graffitti en una pared, un estribillo de canción de una banda punk que decía:
No quiero ir a la guerra/ no quiero que me maten/ porque soy muy joven/ para ser un cadáver.
Sintetiza muy bien la angustia de una época, que se repite siempre que están en el poder estos señores que aman las murallas, las vallas, y hasta que no hagan de la General Paz un foso con cocodrilos, no paran.
Quieren ser inmortales, aunque vivan en el miedo. Solventan su brazo armado con dineros públicos.
Te gasean en el espacio público, cuando vas a festejar un partido de fútbol como cuando vas a defender un derecho, un territorio.
Mientras tanto en el recinto hay delivery de sobres a la chiru, a mansalva.
Envían a Pato a hacer la …