Luisina Gareis*

La discusión sobre el intento de modificación de la

Ley de Tierras

puso la mirada sobre aquellos departamentos provinciales que ya sobrepasan el límite fijado por la normativa vigente desde el 2011.

Un caso emblemático es el municipio de Puerto Libertad, en el departamento Iguazú, al norte de Misiones: el 80 por ciento de sus tierras productivas están en manos de una trasnacional (Arauco).

Esta columna, como parte de los resultados de una tesis doctoral financiada por el sistema científico argentino, hace un recuento histórico de cómo se llega al tales niveles de extranjerización y las múltiples consecuencias que trae para las comunidades no ser dueñas de sus tierras.

En el municipio de Puerto Libertad, ubicado a 25 kilómetros de la triple frontera Paraguay-Brasil-Argentina, los verdes son de un contraste llamativo. En la fotografía aérea que refleja la posesión y usufructo de la tierra, se destacan dos elementos. El primero, es una inmensa mancha de agua producto de la represa del arroyo Urugua-í, que desemboca en el río Paraná, frontera con Paraguay. Desde antes de su inauguración, en 1994, el proyecto para generar energía inundó 10.000 hectáreas de bosque y plantaciones.

El segundo elemento característico es la diversidad de verdes percibidos:

domina un

verde oscuro que responde a las homogéneas plantaciones de pinos

que cubren mayoritariamente el terreno

. Aparece un verde menos oscuro y más desprolijo que señala los escasos remanentes de selva misionera aún existentes. Por último, el mapa muestra los pequeños tres espacios donde viven las personas: el pueblo de Puerto Libertad y dos parches en el que se distinguen caminos y casas.

La historia forestal de Misiones data de principios del siglo pasado, cuando capitales nacionales compraron tierras para producir diferentes materias primas. Primero fue la extracción de madera y

yerba nativa

, luego se expandieron las producciones de yerba mate que, posteriormente, dieron paso a la expansión de los monocultivos de pinos exóticos. Año a año, la tierra se vendió, se deforestó la selva paranaense y se desplazó a la población local para que todo el territorio quede dominado por los bosques implantados, como los llama el agronegocio forestal.

Mapa del Municipio de Puerto Libertad

Décadas de políticas públicas para fomentar el monocultivo y la extranjerización

A partir de 1960 ocurre un progresivo aumento de la reforestación con pinos resinosos en toda la provincia, a partir del incentivo económico otorgado por el Estado. En estos años se instalaron en Misiones diferentes fábricas con el fin de dar valor agregado a la madera. Una de ellas fue la empresa Forestal San Jorge (Grupo Pérez Companc), que compró 60.000 hectáreas ubicadas al norte del municipio de Puerto Libertad y para 1975 empleaba a más de 850 trabajadores en el aserradero. En la actualidad, allí solo quedan los pinos. Ni la fábrica ni las viviendas de la "Colonia Bosetti" ni la escuela están con gente. En 1976, Celulosa Argentina S.A. funda Celulosa Puerto Piray S.A. y la empresa Alto Paraná S.A. (APSA) en el municipio de Puerto Esperanza, departamento Iguazú.

Para construir aquella planta de celulosa, APSA contrajo una gran deuda con el Banco Nacional de Desarrollo (Banade) y con bancos extranjeros. Con este dinero, APSA compró tierras para la forestación de pinos y eucaliptus en todo el departamento Iguazú. La planta de Puerto Esperanza comenzó a funcionar en 1982. El lema de APSA era “con raíces en la patria”, enfatizando el carácter nacionalista y desarrollista de la firma. La empresa construyó barrios para sus obreros, escuelas y clubes en todo el departamento.

En la década de 1980, Argentina comienza a tener graves problemas financieros debido a la deuda externa contraída durante la última dictadura militar (1976-1983) y la estatización de la deuda externa privada de muchas empresas nacionales. Con el regreso a la democracia en 1983, comienza un proceso de renegociación de la deuda. El Citibank (CCI) era uno de los principales bancos extranjeros acreedores, por lo cual a través de diferentes vericuetos burocráticos y operaciones fraudulentas entre el capital extranjero, el capital nacional y el Estado presidido por Carlos Menem (1989-1999), la banca internacional logra adquirir a muy bajo precio varias empresas nacionales, como Celulosa Argentina y APSA.

Foto: Greenpeace

Trasnformar un pueblo en "un corral de pinos"

El beneficiario de este proceso …