El veredicto del jurado determinó que fue un caso de gatillo fácil y de esta manera volvió a plantear que la policía no debe abrir fuego en zonas urbanas, donde el riesgo letal a terceros es altísimo. Así lo establece la propia ley de actuación policial, y hacer lo contrario puede derivar en la condena por homicidio calificado por abuso de la función.
“El jurado popular entendió que el gatillo fácil es una conducta policial sistémica y por eso amparada desde la estructura del poder. Recordemos que pasaron diez años porque, entre otras cosas, los propios policías y el gobierno de María Eugenia Vidal se encargaron de encubrir el crimen”, dijo a Andar el abogado querellante Ismael Jalil. “El veredicto condenatorio va más allá del condenado y asume especial advertencia para los jueces técnicos proclives en calificar con figuras menos gravosas cuando no a directamente justificar esta conducta. El Jurado recibió nuestra advertencia en cuanto a tener en cuenta la trascendencia social de la función policial y que no existe excusa ninguna para amparar la resolución de ningún conflicto social o individual con el uso de la reglamentaria”, agregó.
A criterio de Jalil, cuando Grané mató a Diego Roda lo estaba haciendo el propio Estado. “No fue una muerte más, tampoco un exceso ni mucho menos un error. Ha sido la consecuencia de una política de estado a la que por diversas razones, se prestan los que -como el propio condenado- expresan en la calle el monopolio de la violencia estatal. El crimen de Diego Roda fue gatillo fácil, lo dijo el Jurado popular. Es de esperar que sirva de referencia para todos los casos que aún reclaman Justicia”, expresó el letrado.
El veredicto
Un jurado de doce vecinos de Morón consideró por unanimidad culpable al ex policía Fernando Grané por el crimen del comerciante de Ituzaingó, Diego Roda y el intento de homicidio de su esposa. Será condenado a prisión perpetua, tras casi diez años de investigación. La figura que se impuso fue la de homicidio calificado agravado por ser miembro de una fuerza de seguridad y, además, por falsedad ideológica al encubrir la escena del crimen para zafar de culpa y cargo. Así lo decidió el jurado el pasado 3 de agosto, luego de más de dos horas de deliberación. Ahora sólo resta la decisión final a cargo de la jueza Julia de la Llana, que impondrá el monto de pena.
El veredicto trajo un inmenso alivio a las víctimas y coincidió con el pedido realizado por los fiscales del juicio, Patricio Pagani y Adrián Ferreira, y con lo planteado por las querellas, a cargo de los abogados Jalil, en representación de los padres del fallecido, y Gerónimo Podestá en nombre de la viuda, Virginia Tueso.
Los hechos
El domingo 12 de septiembre de 2016 varios policías perseguían a unos delincuentes que se habían fugado en una camioneta robada en Villa Pineral en la madrugada. A la altura de Ituzaingó, se desencadenó la masacre. Los policías rodearon otra camioneta diferente y la acribillaron a balazos. En ella iban el verdulero Diego Roda, su esposa y su bebé de 12 días, a comprar las frutas para abrir la verdulería. Roda murió, su esposa fue herida y su bebé no recibió disparos.
En ese momento comenzó la maniobra de encubrimiento para exonerar a los policías y echarle la culpa a los ladrones a quienes perseguían. Sin embargo, se vino abajo con este veredicto unánime del jurado. Ante la masacre, los policías alteraron la escena y las actas para hacer creer que fueron los delincuentes quienes balearon la camioneta para robarla y continuar la huida, ya que la de ellos había reventado una goma. Un demorado peritaje balístico independiente, a cargo de la Policía de la Ciudad, demostró lo contrario. Tres años después, en 2019 y tras gran presión de la familia de Roda, la pericia arrojó que las balas eran de los policías del procedimiento.
Diego se levantaba todos los días antes de que el sol diera sus primeras señales. Pasaba por el mercado, compraba lo que hiciera falta y se iba a la verdulería El Económico, en la esquina de Brandsen y Belén, Ituzaingó, a esperar la llegada de los primeros clientes. Según el relato de los sitios Juicio por jurados y Primer plano, aquel domingo a la noche, Diego, de 38 años, apuró la salida de la casa de su suegra, en la calle El Delta al 2300, a unas pocas cuadras de trabajo. Virginia Tueso, su esposa, de 34, cargó en brazos a Pedrito, y los tres se metieron en el auto.
Con las manos en el volante, Diego vio que alguien rodeaba el coche y los …